MONEDA IBERICA


Se conoce como moneda Ibérica a las monedas acuñadas en la península ibérica, siempre ligada al devenir histórico, la moneda es un reflejo fiel de lo que pasaba y pasaría en la península en el transcurso de los siglos.

Los primeros en acuñar monedas en la Península Ibérica fueron los griegos, quienes fabricaron monedas fraccionarias alrededor del S.V a.C, seguidos por fenicios, cartaginenses y por último los romanos. Esta diversidad de culturas dejaron su huella en el comercio y consecuentemente en la moneda.

A medida que los conquistadores entraban en la península constituían cecas y afianzaban los sistemas monetarios propios, esto contribuyó directamente a la expansión monetaria de la tierra conocida también como Hispania.

Las primeras en acuñarse son los óbolos y dracmas, un tiempo después comienza a desarrollarse la acuñación en Gadir (Cádiz), que actúa como antesala a las guerras púnicas y a la introducción de monedas cartaginenses. 

Con la emisión de monedas de plata se pagaría a las tropas, la situación en que se encontraba sumida la península con los Romanos por un lado y Cartaginenses por otro, favoreció el uso extendido de la moneda por todo el territorio.

Los caracteres grabados iban del ibérico, que podía ser entendido y manejado por los indígenas a la tipología romana más universal, de estos últimos se acoge el uso de la tipología del anverso, el reverso y el peso como patrón. 

Existieron claras diferencias entre Hispania del Norte y del Sur, notándose principalmente en el uso e influencia de los alfabetos ibéricos y fenicios. A mediados del siglo I a.C. se consolidan las monedas adaptadas a las formas romanas. 

Con la llegada de los romanos comienza la acuñación de dracmas y sus fracciones, lo más representativo de estas monedas son la figura de Hércules y el Jinete Ibero.

La Hispania representó una gran expansión para la producción monetaria de sus colonizadores, llegaron a existir más de trescientas cecas con gran diversidad de tipologías, se usaron distintos metales preciosos prevaleciendo oro, plata y cobre, así como aleaciones.

La zona ibérica también tuvo su producción de moneda propia, alrededor del siglo II a.C. se conocen distintas monedas indígenas usando la plata y el bronce, con tipología propia, iconografía uniforme y leyendas ibéricas.

La iconografía más representativa de la moneda ibérica es el jinete a caballo, una veces empuñando una lanza y otras con una palma, este se ha erigido en la representación más común de los símbolos de la zona ibérica. Este representó un elemento unificador entre pueblos que compartían su sumisión al imperio romano. 

La historia de la moneda Ibérica abarca más de doce siglos con un número superior a 350 cecas en funcionamiento, las cuales hacían uso de iconos muy diversos y la utilización de metales y alfabetos variados. 

Esta gran diversidad de influencias y de producción de monedas en toda la región reviste a este periodo de un gran interés numismático. La moneda ibérica es sin duda un interesante conjunto representativo de toda una época histórica. 

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