FERNANDO VI (1746-1759)


Durante este periodo la acuñación de la moneda estuvo marcada por la continuidad del reinado anterior, las monedas y los reglamentos para su emisión siguieron las pautas establecidas por el rey Felipe V, padre del monarca Fernando VI.

Los cambios más relevantes en la acuñación se producen para incluir la imagen del nuevo rey en las monedas Fernando VI (1746-1759), particularmente en las de oro que eran las que llevaban retrato, además se incluye la frase “Nomina magna sequor”, como forma de proclamar que el nuevo rey seguirá los pasos de sus antecesores.

Es en América donde se producen mayores cambios que obedecen a la adecuación de las cecas americanas a las propuestas en cuanto al cambio en la forma de fabricación pasando del martillo al volante, las piezas de oro y plata se fueron adecuando a las reformas que iniciara Felipe V.

La mayor cantidad de monedas emitidas fueron los conocidos popularmente como “los durillos” que no eran más que medios escudos con valor de 8 reales acuñados en oro y reducidos en tamaño, en el anverso de la moneda un retrato de perfil del rey con las palabras Ferdinand VI (utilizando el latín, ya que aún no se había instaurado el uso del castellano) y las siglas D. G para validar que había sido rey por la Gracia de Dios.

El término “durillo” se ve justificado por las dimensiones de la moneda que pesaba 1,7 gramos y su diámetro era de unos 12 milímetros, la mayor parte de los durillos de estas características acuñadas por Fernando VI se fabricaron en las cecas peninsulares de Madrid y Sevilla.

Este periodo está marcado principalmente por la adecuación de las cecas americanas a las monedas Fernando VI (1746-1759), continuando con las reformas instauradas por su antecesor.

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